Automático – ElPropósito4 min de lectura
Las estrategias que nos gobiernan sin que las hayamos elegido

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Hay frases que uno descubre que ya sabía. «Cuando hago ejercicio en la mañana, el día me rinde más.» «Cuando duermo poco, contesto peor.» Nadie nos las enseñó. Las fuimos aprendiendo a fuerza de repetir. Son pequeñas leyes personales de causa y efecto: cuando hago esto, me pasa aquello. Casi nunca las escribimos. Y aun así gobiernan buena parte de nuestros resultados.
Algunas las tenemos claras y las usamos a propósito. Cuando preparo la reunión la noche anterior, llego tranquilo. Cuando cumplo mi palabra, me siento mejor conmigo mismo. Cuando escribo lo que quiero lograr en la semana, avanzo más. Esas son estrategias de éxito: aprendizajes que, escritos en presente y en positivo, se convierten en guía. No son teoría. Salen de la propia experiencia, de mirar con honestidad la distancia entre lo que quería y lo que obtuve.
Pero la mayoría trabaja en automático. Nadie les pone coco. Cuando reviso el celular apenas despierto, empiezo el día reaccionando. Cuando llego con hambre a una conversación difícil, me impaciento. Cuando digo que sí para no incomodar, termino la semana resentido. Cuando algo me sale mal, me encierro y no pido ayuda. Ninguna de estas frases la escribiríamos en un cuaderno. Sin embargo, se cumplen con una puntualidad impresionante. Son estrategias igual que las otras. Solo que nadie las eligió.
El automático no es malo. Nos ahorra energía y nos permite vivir sin decidir cada detalle. El problema aparece cuando decide por nosotros lo que sí importa: cómo tratamos a la gente, qué hacemos con la presión, a dónde se nos va el tiempo. Lo que no se ve no se puede cambiar. Y lo que no se cambia se repite.
Hacerlas conscientes es más sencillo de lo que parece. Empieza por mirar los resultados, los que salieron y los que no. Cuando algo funcionó, vale preguntarse qué hice antes, qué hice distinto. Cuando no funcionó, qué me lo impidió y qué principio, si lo hubiera seguido, habría cambiado el resultado. Después toca escribirlo como causa y efecto, en primera persona y en presente: «Cuando me adelanto a mi agenda, elijo mejor mis prioridades.» Escribirlo cambia algo. Lo que era un patrón difuso se vuelve una decisión disponible. Con el tiempo, uno arma su propia lista de lo que le funciona, y esa lista vale más que cualquier receta ajena.
En mi trabajo como coach con líderes y equipos veo que esto también sucede. Los equipos tienen sus propias estrategias en automático. Cuando el jefe está en la reunión, nadie propone nada. Cuando llega una urgencia, se suspende lo importante. Cuando hay un error, se busca primero al culpable y después la causa. Nadie las firmó, pero todos las cumplen. También existen las que funcionan sin que nadie las nombre: cuando cerramos cada reunión con acuerdos claros, la semana fluye. Un equipo que pone estas frases sobre la mesa puede decidir cuáles conserva y cuáles cambia. Y el líder tiene aquí una responsabilidad particular, porque sus automatismos se vuelven, muy rápido, los del equipo.
Al final, todo esto vuelve al propósito. Elegir una estrategia es preguntarse si esa causa me acerca a donde quiero llegar. Si lo que busco es servir, cuidar a mi familia o construir un equipo que crezca, no puedo dejar que el automático decida solo. Hacerme responsable de mis resultados empieza por ser consciente de lo que los produce. No elijo todos los efectos. Sí puedo elegir muchas de las causas.
Les dejo algunas preguntas para esta semana. ¿Qué estrategia ya sabes que te funciona y has dejado de usar? ¿Qué «cuando hago esto, me pasa aquello» se repite en tu vida sin que lo hayas elegido? Y en tu equipo, ¿qué regla no escrita están cumpliendo todos sin haberla decidido?
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
P.D. Esta forma de escribir causa y efecto no la inventé yo; la aprendí en mi escuela de coaching (Success Unlimited Network), donde es parte de un juego mucho más grande. Un ejercicio sencillo: esta semana, cada noche, escribe una frase de causa y efecto sobre lo que viviste ese día. El próximo domingo tendrás siete pistas sobre cómo funcionas.
Author: Rodrigo Baccaro
Rodrigo Baccaro es Ingeniero en Agroindustria por la Universidad Zamorano (Honduras), MBA en Finanzas por INCAE (Costa Rica) y Máster en Dirección y Gestión de Proyectos por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Cuenta con las certificaciones Project Management Professional (PMP) por PMI y Professional Certified Coach (PCC) por ICF. Ha liderado proyectos y transformaciones en empresas de Centro y Suramérica en sectores agroindustrial, industrial, transporte, energía y telecomunicaciones. Actualmente se desempeña como Coach Ejecutivo y de Equipos (PCC, ICF), consultor en estrategia, gobierno corporativo y gestión de proyectos, y Director de la Maestría en Dirección y Gestión de Proyectos en UVG. Es piloto privado, triatleta y autor del blog semanal ElPropósito (rodrigobaccaro.com).Recibe ElPropósito cada domingo
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