Desacuerdo – ElPropósito3 min read
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Un equipo que nunca discute no está alineado, está callado

Photo by Vitaly Gariev on Unsplash
En mi trabajo como coach y consultor veo una escena que se repite. Un director presenta un plan en la reunión de equipo, pregunta si alguien tiene comentarios y la sala responde con silencio. Todos asienten. La reunión termina antes de tiempo y él sale convencido de que el equipo está alineado. Diez minutos después, en el pasillo y en los chats, empiezan las conversaciones de verdad: «eso no va a funcionar», «nadie preguntó a operaciones», «otra vez lo mismo». Lo que no se dijo en la sala se dice afuera, donde ya no sirve para nada.
Muchos líderes confunden armonía con ausencia de desacuerdo. Celebran las reuniones tranquilas y desconfían de las que se calientan un poco. Pero un equipo que nunca discute no necesariamente está de acuerdo. Muchas veces solo está callado. Y el silencio tiene un costo alto: las mejores ideas no aparecen, los riesgos se descubren tarde y el compromiso con las decisiones es de superficie.
Los equipos de alto rendimiento no se distinguen por pensar igual. Se distinguen porque pueden pensar distinto en voz alta sin romperse. Saben discutir las ideas sin atacar a las personas. Ponen la tensión sobre la mesa en lugar de esconderla debajo. Y cuando la decisión se toma, la respaldan todos, también quienes votaron en contra, porque fueron escuchados de verdad.
Eso no sucede por casualidad. El desacuerdo sano necesita un piso firme, y ese piso es el propósito compartido. Cuando todos sabemos para qué estamos aquí, discrepar deja de ser una amenaza y se vuelve una contribución. No discuto para ganar, discuto porque me importa que lleguemos. En cambio, cuando el propósito no está claro, cada desacuerdo se vive como una lucha de poder y lo más prudente parece ser callar.
Aquí el líder tiene una responsabilidad que no puede delegar. El equipo observa con atención qué pasa con la primera persona que se atreve a decir «no estoy de acuerdo». Si recibe un gesto de molestia, una ironía o una consecuencia silenciosa, nadie más lo intentará. Si recibe curiosidad y agradecimiento, la puerta se abre. Algo tan sencillo como preguntar «¿qué estamos dejando de ver?» o «¿quién ve esto de otra forma?» cambia la conversación. Y pedir explícitamente el punto de vista de quien suele quedarse callado puede revelar justo lo que faltaba.
También hay trabajo personal. Para recibir bien un desacuerdo necesito soltar la idea de que mi propuesta es una extensión de mí. Si cada objeción se siente como un ataque, mi equipo lo va a notar y se va a cuidar. La humildad no consiste en no tener opinión. Consiste en sostener la propia con firmeza y, al mismo tiempo, estar dispuesto a cambiarla cuando aparece una mejor. Ese equilibrio se entrena, y es uno de los cambios que más transforman la manera de liderar.
¿Cuándo fue la última vez que alguien de tu equipo te dijo abiertamente que no estaba de acuerdo contigo?
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
P.D. Si quieres que tu equipo aprenda a discrepar sin romperse, escríbeme. Es una de las conversaciones que más disfruto acompañar.
Author: Rodrigo Baccaro
Rodrigo Baccaro es Ingeniero en Agroindustria por la Universidad Zamorano (Honduras), MBA en Finanzas por INCAE (Costa Rica) y Máster en Dirección y Gestión de Proyectos por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Cuenta con las certificaciones Project Management Professional (PMP) por PMI y Professional Certified Coach (PCC) por ICF. Ha liderado proyectos y transformaciones en empresas de Centro y Suramérica en sectores agroindustrial, industrial, transporte, energía y telecomunicaciones. Actualmente se desempeña como Coach Ejecutivo y de Equipos (PCC, ICF), consultor en estrategia, gobierno corporativo y gestión de proyectos, y Director de la Maestría en Dirección y Gestión de Proyectos en UVG. Es piloto privado, triatleta y autor del blog semanal ElPropósito (rodrigobaccaro.com).Descubre más desde Rodrigo Baccaro
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