Soltar – ElPropósito3 min de lectura
¿A qué te estás aferrando hoy?

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A mí me ha pasado, tanto en lo personal como en lo profesional, aferrarme a una meta que ya sabía que no se iba a cumplir. Poco a poco, y gracias a mis reflexiones o lecciones aprendidas que le llamo, he ido entendiendo por qué nos cuesta tanto soltar, y lo mismo pasa en las empresas con ese proyecto que no tiene fin y que nadie se atreve a detener.
Una de las razones es lo que se conoce como costo hundido: mientras más tiempo, dinero y esfuerzo le hemos metido a algo, más difícil se nos hace dejarlo, aunque ese esfuerzo ya no se pueda recuperar. Es como si soltar significara aceptar que todo lo que invertimos se perdió, y por eso seguimos, a veces sin darnos cuenta, metiéndole más a algo que ya no va para ningún lado.
Ojo, no hablo de mediocridad ni de rendirse a la primera. También he luchado hasta el cansancio por algo que nace desde lo más profundo de mi ser, donde sé que debo poner y hacer todo lo que está en mis manos, y si aun así el resultado no llega, quedarme con la satisfacción de haber hecho lo que podía hacer. Considero que esa es la diferencia: cuando lucho por algo que tiene propósito, el esfuerzo vale por sí mismo y no lo vivo como una pérdida aunque el resultado no se dé, mientras que cuando me aferro a un resultado que ya perdió su propósito, lo único que me sostiene es lo que ya invertí. Por lo tanto, soltar con paz solo es posible cuando sé que di todo lo que estaba en mis manos.
Sin embargo, no todo lo que pesa hay que soltarlo. Hay momentos en los que la meta sigue teniendo todo el sentido del mundo y lo que nos pasa es que estamos abrumados (cansados, con demasiadas cosas a la vez, sin claridad), y en esos casos lo que toca es parar un momento y ordenarnos. Por eso creo que el autoconocimiento es clave: saber distinguir si lo que quiero es soltar algo que ya no tiene propósito o si lo que necesito es un respiro para seguir.
En las empresas esto se vuelve más complejo, porque detener un proyecto involucra presupuestos, personas y, muchas veces, el nombre de quien lo propuso. Cuando acompaño a un equipo en ese punto, trato de que se vean del otro lado antes de decidir: qué recursos, qué talento y qué tiempo quedarían libres para los proyectos que sí están alineados con la estrategia, y qué pasaría con el equipo si dejara de cargar con algo en lo que ya nadie cree. Asimismo, les ayuda a notar si lo que se siente es alivio o si lo que se extraña es la meta, porque si es la meta, quizás lo que toca es replantear el proyecto en lugar de cerrarlo.
Finalmente, a mí me ha tocado aprender que detenerme a tiempo también es una decisión con propósito, porque deja espacio para lo que sí vale la pena.
¿A qué te estás aferrando hoy? ¿Ya hiciste todo lo que estaba en tus manos?
Un fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
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Agendar sesión exploratoriaAuthor: Rodrigo Baccaro
Rodrigo Baccaro es Ingeniero en Agroindustria por la Universidad Zamorano (Honduras), MBA en Finanzas por INCAE (Costa Rica) y Máster en Dirección y Gestión de Proyectos por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Cuenta con las certificaciones Project Management Professional (PMP) por PMI y Professional Certified Coach (PCC) por ICF. Ha liderado proyectos y transformaciones en empresas de Centro y Suramérica en sectores agroindustrial, industrial, transporte, energía y telecomunicaciones. Actualmente se desempeña como Coach Ejecutivo y de Equipos (PCC, ICF), consultor en estrategia, gobierno corporativo y gestión de proyectos, y Director de la Maestría en Dirección y Gestión de Proyectos en UVG. Es piloto privado, triatleta y autor del blog semanal ElPropósito (rodrigobaccaro.com).Recibe ElPropósito cada domingo
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