Interferencias – ElPropósito3 min read

Lo que resta más de lo que creemos

Photo by WrongTog on Unsplash

Timothy Gallwey formuló una idea que cambia la manera de entender el desempeño humano: Rendimiento = Potencial – Interferencias.

La mayoría de las personas se obsesiona con aumentar el potencial. Más cursos, más horas, más disciplina, más presión. Pero pocas se detienen a observar lo que está restando. El problema no siempre es falta de capacidad; muchas veces es exceso de interferencia.

Las interferencias no siempre son visibles. Pueden ser dudas constantes, miedo al juicio, necesidad de aprobación, distracciones permanentes o conversaciones internas que minan confianza. El talento sigue ahí. La experiencia también. Pero el ruido mental consume energía que debería estar disponible para ejecutar.

En lo personal, las interferencias suelen adoptar la forma de diálogo interno. Esa voz que anticipa fracaso, que exagera errores o que compara continuamente. No es el entorno el que limita primero; es la interpretación del entorno. El potencial no desaparece, pero se reduce cuando la mente se convierte en adversario.

En equipos sucede algo similar. Un grupo puede tener talento extraordinario y aún así mostrar bajo rendimiento. ¿La razón? Interferencias colectivas: falta de claridad, objetivos ambiguos, liderazgo inconsistente, miedo a equivocarse, cultura de reacción en lugar de reflexión. Nada de eso elimina la capacidad del equipo, pero sí la limita. El rendimiento termina siendo una versión reducida de lo que realmente podrían lograr.

En organizaciones más grandes, las interferencias se vuelven estructurales. Procesos innecesariamente complejos, reuniones sin propósito, prioridades cambiantes, incentivos contradictorios. El sistema crea fricción constante. Y cuando la fricción es permanente, el potencial colectivo nunca se expresa plenamente.

Lo interesante es que eliminar interferencias suele ser más efectivo que intentar aumentar presión. Presionar a una persona o a un equipo que ya está saturado de ruido solo amplifica el problema. El liderazgo maduro se pregunta primero qué está estorbando antes de exigir más.

Aquí es donde el coaching aporta una ventaja real. En lugar de imponer soluciones, invita a explorar qué bloquea el avance. Muchas veces la mejora no viene de agregar habilidades, sino de remover obstáculos. Cuando la interferencia disminuye, el potencial aparece con naturalidad.

Las interferencias no siempre son externas. A veces son decisiones que evitamos, conversaciones que postergamos o límites que no establecemos. Reducir interferencias exige honestidad. Exige reconocer patrones, simplificar procesos y asumir responsabilidad personal (en ingles: accountability).

Si el rendimiento es potencial menos interferencias, entonces el crecimiento no empieza agregando más, sino limpiando lo que sobra. El talento florece cuando el ruido disminuye. La claridad multiplica capacidad.

¿Qué está interfiriendo hoy entre tu capacidad real y tus resultados? Estás intentando hacer más o estás dispuesto a eliminar lo que resta?

Fuerte abrazo y siempre lo mejor, 

Rodrigo Baccaro

Author: rodadmin

Share your thoughts