Fuerza – ElPropósito3 min read
Un Análisis para seguir sin claudicar

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A esta altura del año, es probable que algunas de nuestras metas no se hayan cumplido. Idealmente, quisiéramos que los indicadores muestren logros cercanos al 100% de lo que nos propusimos, o al menos, que estemos muy cerca de alcanzarlos. Sin embargo, por distintos motivos, muchos de los cuales escapan de nuestro control, a veces nos encontramos en la necesidad de aceptar pérdidas o, en el peor de los casos, reducir significativamente el empeño que habíamos puesto en un objetivo.
No obstante, parte de la estrategia también es aprender a decir “no”. Aquí radica un punto crucial en el establecimiento de objetivos: cuán realistas fueron al principio y cuán claros estábamos en cuanto a los recursos disponibles para alcanzarlos.
No es nada placentero mirar atrás y darnos cuenta de todo el esfuerzo invertido en un objetivo, solo para ver que el resultado no ha llegado. A veces, el planteamiento original no fue el más adecuado; en otras ocasiones, no fuimos lo suficientemente hábiles para detenernos a tiempo. Me atrevo a decir que, en muchos casos, los objetivos no se alcanzan por la falta de un propósito claro.
La energía y la fuerza necesarias para alcanzar un objetivo son mucho mayores que el esfuerzo inicial. Requieren algo más que solo trabajo duro: se necesita una fuerza de voluntad sostenida, alimentada por la pasión y la inspiración de un propósito superior. Esto diferencia a quienes perseveran de aquellos que se conforman con cualquier resultado.
Es interesante observar cómo los atletas rompen sus propias marcas, o cómo personas y empresas logran superar sus propios resultados. La pregunta es: ¿cómo mantienen la fuerza y el empeño hasta alcanzar el éxito? Para mover algo, se necesita energía, pero esa energía inicial será inútil si no tenemos claro hacia dónde dirigirnos y tambien que no basta con un poco de energía, se necesita TODA la energía para sacar algo adelante. ¿Para qué esforzarnos si no sabemos cuál será el resultado final?
Hablamos mucho de los éxitos, pero muy poco de los fracasos. En esta etapa del año, como mencionaba al principio, es posible que ya hayamos identificado objetivos que no alcanzaremos. Aquí tenemos dos opciones: una es extraer todos los aprendizajes de manera consciente, reajustar nuestro enfoque y seguir adelante con renovada fuerza. La otra opción es cerrar los ojos y fingir que no ha pasado nada. La primera opción es mi favorita. Me encanta proponerme metas y alcanzarlas, pero también debemos ser conscientes de las circunstancias que están fuera de nuestro control. Por eso, lo mejor es seguir enfocándonos en lo que sí podemos controlar.
Un fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
