Perspectiva – ElPropósito4 min read
Actitud y determinación hacia los desafíos

¿Vemos las cosas como son? ¿Las vemos desde un único ángulo? ¿Existe un único lente para ver o analizar lo que nos sucede? Lo primero que llega a mi mente al pensar en estas preguntas es el pensamiento crítico. Y es que la duda razonable es lo que nos ha llevado a dar grandes pasos como humanidad: a no aceptar como válido todo aquello que llega a nuestros sentidos sin antes haber confirmado, por la observación y la evidencia, muchas verdades que en primera instancia aparentan ser únicas, cuando en realidad no lo son. La perspectiva con la que vemos las cosas determina, muchas veces, la actitud con la que enfrentamos los mayores desafíos.
Los problemas no son más que eso: problemas. Algunos tienen solución; otros no. Sin embargo, ¿cuáles son los que definitivamente no tienen solución? La pregunta me gusta porque estoy seguro de que tiendo a ver más problemas que soluciones, y este es un indicador clave que me permite cambiar la perspectiva de mi día a día. La simple pregunta: ¿Estoy viendo más soluciones que problemas?
Uno de los grandes puntos es que, sin el cambio de perspectiva, muy probablemente nos empezamos a meter en una espiral negativa donde cada vez más vemos más problemas que soluciones. ¿Por qué?
Parte de la explicación se debe a un ahorro de energía. Además, considero que evolutivamente somos más propensos a evitar el dolor que a buscar la satisfacción del deber cumplido. Por un lado, gastamos menos energía en la crítica y en buscarle hasta el último punto negativo a algo que en invertir concienzudamente en la creatividad que se requiere para resolver los mayores problemas que tiene la humanidad. Asimismo, el dolor y el sufrimiento son grandes consumidores de energía, y si no, basta con correr una maratón para saber qué es más fácil: quedarse sentado en un sillón o sufrir/gozar un par de horas en lo que se obtiene la medalla y la recompensa.
La perspectiva no solo determina cómo enfrentamos los desafíos, sino también cómo definimos nuestras prioridades y en qué elegimos invertir nuestra energía. Si bien es más sencillo quedarse en el plano de la crítica o el problema, el cambio de perspectiva hacia soluciones requiere un acto consciente: replantear la narrativa interna.
Un punto clave es entender que el esfuerzo invertido en cambiar nuestra mirada puede ser más satisfactorio que el dolor de quedarnos atrapados en una mentalidad negativa. Ese acto de voluntad es, en esencia, un ejercicio de determinación y de fe. Fe en que lo que hacemos tiene propósito, en que somos capaces de aportar algo positivo, y en que nuestras acciones tienen un impacto más allá de los límites inmediatos del problema.
Entonces, ¿cómo podemos cultivar esa perspectiva? Primero, desarrollando un hábito de gratitud, que nos entrene a enfocarnos en lo que funciona, en lo que está bien. Segundo, rodeándonos de personas que también busquen soluciones y que nos reten a crecer. Y tercero, recordando que ningún problema, por grande que parezca, es permanente si lo enfrentamos con una mentalidad resiliente y creativa.
El cambio de perspectiva no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere intención y práctica, pero sus beneficios trascienden la solución de un problema puntual. Nos transforma como personas. Al final, lo que importa no es tanto el problema en sí, sino quiénes nos volvemos al enfrentarlo.
¿Qué pasaría si cada desafío fuera una oportunidad para crecer? Si en lugar de ver un obstáculo, viéramos una lección, una puerta para mejorar nuestra capacidad de servir, de liderar y de contribuir al propósito de nuestras vidas. La perspectiva puede ser nuestro mayor desafío, pero también nuestro mayor aliado.
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
