Gratitud – ElPropósito3 min read
Un año que casi cierra y por qué dar gracias

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En vísperas de las fiestas mayores y las celebraciones de fin de año, es importante voltear la mirada al pasado para observar con detenimiento todas y cada una de las bendiciones que obtuvimos. Muchas veces le damos poca importancia al agradecimiento y a esa necesidad imperiosa de vivir dando gracias por la vida, por la salud y, sobre todo, por cada uno de los resultados que vamos cosechando. ¿Qué significa la gratitud? ¿Cómo se relaciona con nuestro propósito de vida? ¿Cuál es un buen ejercicio de gratitud que podemos implementar en nuestro día a día? Estas y muchas otras preguntas sobre la gratitud son las que debemos hacernos si queremos vivir con alegría, humildad y, sobre todo, sabiendo que hay cosas que podemos controlar y otras que no.
Expresar gratitud es una invitación a corresponder, y lo que más me llama la atención es precisamente el agradecimiento por todas aquellas cosas que no podemos controlar y que, a pesar de ello, se dieron como esperábamos o incluso mucho mejor de lo que imaginábamos. La correspondencia de la gratitud viene acompañada de una acción muy particular, y es en cada acción que damos donde se manifiesta de múltiples formas. Es justo en esas obras donde el ser humano encuentra sus mejores expresiones; es en el dar donde podemos vivir plenamente la gratitud, pero también en la buena voluntad, en los buenos pensamientos y en las buenas intenciones.
Muchas veces estamos llenos de alegrías y satisfacciones, especialmente aquellas que son fruto de nuestro esfuerzo, pasión y dedicación. Un bonito ejemplo de gratitud que, en lo personal, disfruto enormemente es el hábito de ir a misa los domingos. Es un espacio especial que tengo para dar gracias a Dios por todas las bendiciones y también por aquellas lecciones que aprendí durante la semana. No obstante, esta no es la única forma de agradecer. Aquí surge una pregunta importante: ¿agradecer qué y agradecer a quién?
A menudo se nos olvida agradecernos a nosotros mismos y premiarnos de diferentes maneras. Un gran ejemplo de gratitud constante es a través de los buenos hábitos. Por ejemplo, después de una rutina de ejercicio extenuante, solemos olvidar la pereza con la que comenzamos la jornada, pero al terminar, pocas veces miramos hacia atrás para darnos las gracias por haberlo logrado. Ese momento de satisfacción, de haber liberado estrés, cansancio o preocupaciones, merece nuestro reconocimiento. De la misma manera, cuando terminamos un buen libro o concluimos con éxito una semana siguiendo una rutina alimenticia, son esos espacios donde podemos dar gracias y vivir con plenitud el logro alcanzado.
La gratitud es mucho más que un sentimiento; es un hábito transformador que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Al agradecer, reconocemos el valor de lo que hemos recibido, ya sea un logro fruto de nuestro esfuerzo o una bendición inesperada. Pero también nos invita a mirar hacia adelante con esperanza y confianza, sabiendo que cada día trae consigo nuevas oportunidades para aprender, crecer y compartir. Así, al cerrar este año, te invito a hacer de la gratitud un propósito diario, una brújula que guíe tus pensamientos, palabras y acciones. Porque cuando vivimos agradecidos, el propósito de nuestra vida se alinea con una verdad profunda: somos parte de algo más grande, y cada momento cuenta.
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
