Retos – ElPropósito5 min read

Claves para enfrentar retos involuntarios

Photo by Towfiqu barbhuiya on Unsplash

La vida es un constante caos, lo podemos ver a nivel celular y también en el universo, en el medio estamos nosotros, seres humanos tratando de encontrar un equilibrio a las cosas que nos suceden y una forma de darle paz al caos de pensamientos que orbitan en nuestra mente. Los mayores retos a los que nos enfrentamos en la vida muchas veces son fuente de caos, de desequilibrio y de angustia, por otro lado, también hay retos que nos hacen sentir inspirados, llenos de pasión y con muchas ganas de hacerles frente, independientemente del tipo de reto que tengamos por delante, no hay una sola forma de resolverlo y aquí es donde surgen todo tipo de escenarios o bien, todo tipo de estrategias que van emergiendo en la medida que nos adentramos en la jungla de resolver el reto. Una forma en la que me gusta ver la resolución de problemas o de retos es el apoyo que podemos conseguir en la red que gira a nuestro alrededor, una red que aunque no la podamos ver, existe y es real, puede estar conformada por colegas de trabajo, amigos, familia, mentores, coaches, etc, es una red que hay que tirar al mar sí o sí precisamente para pescar de ella un buen consejo, una buena guía o también, una pregunta poderosa que nos haga reflexionar profundamente. 

Cómo se entra a un reto? Se dan de manera voluntaria y también de manera involuntaria, en la voluntaria dependemos nosotros de hacerlos realidad y es generalmente cuando establecemos una meta, un objetivo y luchamos incansablemente hasta lograrlo; en el trayecto generalmente necesitamos hacer alguna inversión para poderlo alcanzar, esto por ejemplo es muy común en una organización como a título personal; una organización por ejemplo hace un plan estratégico del que espera pasar de un determinado punto A a un futuro punto B queriendo atender mucho mejor a sus clientes o bien también, evitando desaparecer, a título personal también proponemos retos ya sea para mejorar nuestra salud, nuestras finanzas o comprar un bien como una casa para darle una mejor calidad de vida a nuestros semejantes, estos son algunos ejemplos de retos voluntarios a los que nos involucramos en cuerpo y alma para alcanzarlos y con ello poder alcanzar nuestras visiones de futuro. Cómo son aquellos retos involuntarios? Aquellos que se nos presentan y nos toca hacerles frente a pesar de que no los quisimos? 

Los retos involuntarios los veo como todo aquello que nunca quisimos y que a pesar de ello, llegaron y llegaron para quedarse. Cuando llega un reto de esta naturaleza me recuerdo mucho de uno de los principio de Ray Dalio en su libro Principles “Pain + Reflection = Progress”, y es que muchos retos involuntarios duelen y generan un roce del cual si no reflexionamos no vamos a progresar, muchas veces todo arranca con la aceptación de la situación, negarla solo hará que en el largo plazo estemos peor, un siguiente gran paso es la evaluación del reto y aquí es donde los estoicos tienen toda una gama de herramientas súper poderosas para ayudarnos a ver qué tan grande o pequeña puede ser la evaluación de un reto, en el caso extremos simplemente dirán que es una ilusión y que ese tamaño de reto que podremos estar imaginando es solo una pequeña y minúscula situación en nuestra mente comparado con la inmensidad y la belleza de la naturaleza (no soy tan fanático de esta visión, sin embargo, sí que ayuda a ver el bosque y enfocarnos no solo en el árbol). 

Un reto involuntario requiere un plan y como buen plan tiene que ser realista y con un par de acciones clave que nos ayuden a invertir recursos eficientemente, generalmente son recursos de tiempo y de nuestros pensamientos. Necesitamos quitar todo el ruido posible que se genera alrededor de los retos involuntarios y para ello, apegarnos al plan es como aferrarse al mástil del barco (como hizo Ulises) y evitar todo canto de sirenas “no vas a poder”, “no es por ahí la cosa”, “siempre que pasan este tipo de cosas se desencadena…”. Todo lo que esté afuera del plan no debe seguirse, no debe dársele seguimiento y no debe invertírsele ni un solo segundo de atención. En la ejecución del plan es importante pedir apoyo (así como Ulises pidió que lo amarraran al mástil del barco y le taparan los ojos), en la ejecución del plan es cuando debemos echar mano de la red de apoyo y aquí la clave es saber escuchar. La red de apoyo es amor puro, son precisamente las personas de mayor confianza y de mayor corazón las que están a nuestro servicio para brindarnos todo lo que queramos para salir adelante con ese reto involuntario. 

Un reto involuntario puede ser extremadamente demandante y precisamente el cuido de nosotros mismos es algo que no debemos dejar de lado, para ello una buena alimentación, el ejercicio, la actitud positiva, la paciencia y el poder celebrar pequeñas victorias son parte de saber cuidarnos a nosotros mismos. La gran alegría de los retos involuntarios es que al final salimos más fortalecidos y habiendo construido una experiencia muy gratificante; no hay que olvidarnos que la vida nos presenta retos voluntarios y retos involuntarios, en ambos casos, siempre existe nuestra elección de cómo los queremos enfrente: si desde el temor y el miedo, o si desde la ilusión y la alegría de saber que los vamos a sacar adelante. 

Un fuerte abrazo y siempre lo mejor, 

Rodrigo Baccaro

P.D. Este post se lo dedico a todas aquellas personas que están atravesando algún reto involuntario en su vida; estoy seguro que con la ayuda De Dios, de La Santísima Virgen María y el Espíritu Santo (especialmente hoy día de Pentecostés) saldrán más fortalecidos que nunca.

Author: rodadmin

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