Esperanza – ElPropósito3 min read

Propósito firme, serenidad ante lo que no controlamos

Photo by Gabriel Lamza on Unsplash

Hoy es domingo de resurrección. Es un día que invita a pensar en algo profundamente humano: la posibilidad de renovación. Renovación después del error, después del cansancio, después de la incertidumbre. Renovación incluso cuando las circunstancias no cambian de inmediato.

Descubrir el propósito personal es un acto de claridad; saber hacia dónde se quiere ir, qué se quiere construir y bajo qué principios se desea vivir. Esa dirección es responsabilidad nuestra. Es la parte que sí controlamos: nuestras decisiones, nuestra disciplina, nuestra coherencia. Mantener la cabeza puesta en el propósito es un ejercicio diario de enfoque.

Pero hay otra dimensión que ningún plan estratégico puede dominar completamente. Existen variables que no dependen de nosotros: el mercado, la economía, la salud, las decisiones de otros, eventos inesperados. El estoicismo lo explicó con precisión hace siglos: hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no. Confundir ambas genera ansiedad innecesaria. Aceptar esa dicotomía del control libera energía y da paz.

En el liderazgo empresarial esta distinción es vital. Un gerente con su equipo puede definir estrategia, cultura y estándares de excelencia. Puede trabajar con rigor, tomar decisiones responsables y formar equipos sólidos. Pero no puede controlar cada resultado ni cada variable externa. Cuando el líder intenta dominar lo que está fuera de su alcance, se desgasta y desgasta a su equipo. Cuando, en cambio, actúa con excelencia en lo que sí depende de él y acepta con serenidad lo demás, genera estabilidad.

La fe introduce una dimensión adicional a esta serenidad. No como pasividad, sino como confianza. La convicción de que el futuro no es caos absoluto, sino un espacio donde incluso las dificultades pueden convertirse en bien. Como decía san Josemaría Escrivá de Balaguer, omnia in bonum, todo obra para bien. Creer que todo obra para bien no significa que todo sea fácil ni que el dolor desaparezca, sino que nada es inútil cuando se vive con propósito y rectitud de intención.

En el mundo profesional, la fe bien entendida da resiliencia. Es la capacidad de seguir construyendo cuando los resultados no son inmediatos. Es sostener la visión aun cuando el entorno presiona. Es entender que el esfuerzo honesto nunca es desperdiciado, aunque sus frutos no aparezcan en el tiempo esperado. El equilibrio entre propósito y providencia es poderoso. Propósito para actuar con determinación. Serenidad para aceptar lo que no se puede controlar. Trabajo constante en lo que depende de nosotros. Confianza profunda en que aquello que escapa a nuestro control no escapa al sentido último de las cosas.

Este domingo de resurrección debemos recordar que incluso después de momentos oscuros hay renovación. Que incluso cuando el resultado no coincide con el plan, puede existir un bien mayor en construcción. Que la disciplina y la fe no se contradicen; se complementan. Mantener la cabeza puesta en el propósito y el corazón abierto a la providencia transforma la manera de liderar, de trabajar y de vivir. No elimina la incertidumbre, pero la hace más llevadera. No elimina el esfuerzo, pero le da significado.

¿Estás haciendo con excelencia lo que sí depende de ti? Puedes aceptar con serenidad aquello que no controlas, confiando en que también puede obrar para bien?

Feliz Pascua de Resurrección.

Fuerte abrazo y siempre lo mejor, 

Rodrigo Baccaro

Author: rodadmin

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