Pausas – ElPropósito3 min read
Momentos clave a lo largo del año

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Crecí escuchando (y poniendo en práctica también) que el descansar no significa hacer nada, es cambiar de actividad. Un cambio que implementaré profundamente este año es el de darme más pausas con más conciencia; muchas veces la vida puede resumirse en dos o tres actividades muy significativas pero a la vez también muy extenuantes: trabajo, cuidar de los hijos y quizás, con suerte, hacer ejercicio. Sin embargo, las pausas en la vida son momentos de reflexión que deben llevarnos a pensar con mucha profundidad los siguientes pasos que queremos dar.
Una pausa se da cuando sabemos que algo luego se va a reiniciar y podremos continuar lo que veníamos trabajando.
Una pausa, para que tenga suficiente impacto, debe abstraernos por completo de lo que estamos haciendo; por ejemplo, una pausa que me abstrae enormemente es la lectura, un hábito que me ha acompañado desde niño y que a veces dejo por completo en el olvido, no porque quiera, sino simplemente porque el día a día me absorbe. No es excusa, es una simple realidad. Lo mismo puede suceder con el ejercicio, la alimentación, el sueño, etc.
Una pausa que nos lleve a reflexionar profundamente debe recargarnos por completo; no por nada es uno de los hábitos de Stephen Covey: el afilar la sierra. En un mundo tan saturado, tan lleno de tanto y desbordado de información, es difícil darnos una pausa. Inclusive, hasta en los momentos más básicos como comer, tenemos mil cosas qué hacer o nos inventamos cosas por hacer. La pregunta aquí es: ¿qué podemos hacer? En primer lugar, identificar lo que está en nuestras manos para parar, para dar un respiro y simplemente estar presentes. Este acto tan sencillo y a la vez tan complicado nos permite conectar con nosotros mismos y con lo que realmente importa. Muchas veces confundimos la pausa con la procrastinación o con el ocio descontrolado, pero una pausa consciente no es tiempo perdido; es un regalo que nos hacemos para alinearnos con nuestro propósito.
Un aspecto importante al crear pausas significativas es planificarlas. No siempre es posible improvisar el tiempo para detenernos, pero si agendamos esos momentos como algo prioritario, nos aseguramos de que ocurran. Puede ser tan simple como programar 10 minutos al día para respirar profundamente, salir a caminar, o incluso disfrutar de una comida sin distracciones tecnológicas. Estos momentos pueden parecer pequeños, pero el impacto en nuestro bienestar es profundo.
Otro punto clave es entender que las pausas no son sólo individuales. También podemos compartirlas con quienes amamos. Una conversación significativa, un paseo con un amigo o un rato de juego con los hijos pueden convertirse en pausas que nos nutren emocionalmente y fortalecen nuestras relaciones.
Al final, las pausas son el puente que conecta nuestro presente con un futuro más consciente y equilibrado. Nos dan el espacio para observar nuestro camino y decidir, con más claridad, cómo queremos continuar. Afilar la sierra no sólo nos prepara para los desafíos por venir, sino que también nos permite disfrutarlos. ¡Así que este año mi propósito es hacer pausas, pero pausas con significado!
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
