Con objetivos – ElPropósito5 min de lectura

Enfilados ya en cerrar un 2021 es muy probable que muchas cosas hayan pasado y sucedido. En un abrir y cerrar de ojos el año ha volado y con ello (ojalá) la conciencia de lo veloz que pasa el tiempo y en general la vida. Muchas empresas, personas y organizaciones navegan la vida y en el tiempo sin objetivos particulares, mucho menos sin una visión clara que marque el rumbo; en mi experiencia he visto cómo el mejor indicador de avances es cuando llega el año nuevo y con ello muchos anhelos y deseos que pudieron haberse hecho realidad, se quedaron simplemente en el tintero. Cuál es la diferencia de tener o no objetivos?

Una meta, una visión, un objetivo, todos comparten algo en particular: El futuro. Sea cual sea el resultado que deseamos obtener, éstos se encuentran enmarcados en un mañana que aún no conocemos, un futuro de cual sabemos muy poco e inclusive hasta nos puede atemorizar por el simple hecho de pensarlo o soñarlo. He visto cómo el simple hecho de vivir ya un futuro muy cercano hace dudar a muchas personas, especialmente por el cambio; un cambio que por muy positivo que sea, resulta tan potente que preferimos situarnos siempre en nuestra zona de comfort. Qué hace que una persona por mucho que desee un resultado no sea capaz de aceptar el cambio que se acerca a su vida?: la falta de claridad de su propósito de vida y sobre todo, la falta de claridad de sus objetivos.
Vivir sin objetivos es como un barco que navega sin rumbo; la probabilidad de incursionar en una tormenta (pudiendo evitarla con antelación) es alta, muy alta y tristemente es cuando se ven empresas que constantemente navegan en una turbulencia que parece no acabar nunca. No quiero decir con esto que alguien que tenga objetivos claros y metas clara en la vida nunca se pueda meter en una tormenta (si no recordemos COVID-19) por mucho que uno pueda tener claro su propósito de vida y sus objetivos muy claros fue imposible no verse afectado por la pandemia; no obstante, se encuentra mucho más preparado alguien que tiene clara cuál es su visión de vida y sus metas a alcanzar dado que sabe que lo que tiene que hacer es cambiar la táctica para seguir siempre en el rumbo.
La naturaleza del objetivo la crea quien la formula, un objetivo ambicioso o escueto no es nada más que el resultado de la inteligencia de aquel o aquellos que lo crearon. Asimismo, los objetivos se aplacan fuertemente en los hábitos, en los procesos que ya tenemos y también en la confianza hacia todos los involucrados en alcanzarlos; cuando se trata de un objetivo o una serie de objetivos que dependen estrictamente de nosotros mismos, la confianza viene dada de todo aquello que hemos sido capaces de alcanzar en el pasado y en la alienación que existe entre el futuro que deseamos a aquel propósito que define el para qué estamos en la tierra. Las empresas dependen de la cultura para ejecutar y alcanzar sus objetivos, dependen de sus propios hábitos y de lograr hacer el amalgama de inteligencias de todos sus colaboradores para descubrir esas nuevas formas de encontrar el camino o el rumbo que les permita llegar al puerto que desean.
Con objetivos o sin objetivos el sentido de la vida tiene características muy fuertes. Nacimos para tener objetivos, nacimos para luchar por ellos y encontrar las herramientas que nos permitan alcanzarlos (e.g. hábitos). Los objetivos son el paso intermedio hacia vivir nuestro propósito de vida, un propósito que no es un fin sino un camino que constantemente podemos vivir y disfrutar para sentir esa felicidad de encontrarle sentido a la vida. Una persona o una organización con objetivos y un propósito claro posee un fuego interior capaz de conquistar cualquier cima que se proponga, capaz de encontrar recursos donde antes no creía encontrarlos. Con objetivos la vida es más bella, la vida es esa que siempre hemos querido vivir; con objetivos y un propósito claro el mundo tiene sentido y el futuro es el activo más grande que podemos tener; solo falta imaginarlo y construirlo.
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
La VELA de esta semana es:
- Qué estuve Viendo: “Me prometí que nunca más tendría un mal día”. Patch Adams, médico y clown. Gran aporte nuevamente de mi colega y gran amigo Otto Velasquez, gracias. Un video corto del célebre personaje que dio vida a la película interpretada por Robin Williams.
- Qué estuve Escuchando: Jocko Podcast 112 w/ Jordan Peterson – Life is Hard. 12 Rules for Life. Este es quizás uno de los mejores podcast que he escuchado en 2021; dos titanes en el ring que vale la pena escucharlos, Jordan Peterson y Jocko Willink.
- Qué estuve Leyendo: El primer círculo. Un libro que he vuelto a leer, necesitaré dedicarle quizás este último trimestre a Alexander Solzhenitsyn, especialmente con Archipiélago Gulag.
- Qué estuve Aprendiendo: WHEN YOU FEEL LIKE GIVING UP. Muy buen video, especialmente para cuando se desea tirar la toalla en un objetivo.
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Agendar sesión exploratoriaAuthor: Rodrigo Baccaro
Rodrigo Baccaro es Ingeniero en Agroindustria por la Universidad Zamorano (Honduras), MBA en Finanzas por INCAE (Costa Rica) y Máster en Dirección y Gestión de Proyectos por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Cuenta con las certificaciones Project Management Professional (PMP) por PMI y Professional Certified Coach (PCC) por ICF.
Ha liderado proyectos y transformaciones en empresas de Centro y Suramérica en sectores agroindustrial, industrial, transporte, energía y telecomunicaciones. Actualmente se desempeña como Coach Ejecutivo y de Equipos (PCC, ICF), consultor en estrategia, gobierno corporativo y gestión de proyectos, y Director de la Maestría en Dirección y Gestión de Proyectos en UVG. Es piloto privado, triatleta y autor del blog semanal ElPropósito (rodrigobaccaro.com).
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