Intentarlo – ElPropósito3 min read

La esencia del cambio

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Hay mañanas en que el cuerpo y la mente susurran la misma tentación: quedémonos un poquito más. El calor de las sábanas, la falsa sensación de que diez minutos más harán la diferencia, con estos 10 más voy a estar más descansado, etc. Y ojo que aquí San Josemaría ya escribía sobre el minuto heroico también, tal cual lo escribió Marco Aurelio.

Y sin embargo, en medio de esa lucha cotidiana, una verdad  poderosa resuena con fuerza: intentarlo. No porque sea fácil, sino precisamente porque no lo es. Porque el hecho de quemarse no significa que vamos a morir. Porque el intento mismo es la forma más digna de habitar esta vida.

Marco Aurelio lo dijo: «nunca eludas el debido cumplimiento de tu deber, aunque estés congelándote o con calor, somnoliento o bien descansado, vilipendiado o alabado. Incluso morir forma parte de las asignaciones importantes de la vida». La cita es clara: haz el mejor uso de tus recursos para cumplir bien con lo que tienes delante. No se trata de heroicidades imposibles, sino de la decisión diaria y sencilla de intentarlo.

En otra meditación, el emperador filósofo nos confronta con la pregunta que surge al amanecer: «¿fui hecho para acurrucarme bajo las mantas o para levantarme y hacer la obra de un ser humano?» La respuesta duele de tan obvia. Fuimos puestos en este mundo para esforzarnos, no para ser mimados. Intentar no es un acto ocasional de valentía; es la forma natural de existir.

Epicteto, citando a Sócrates, lo lleva al terreno más personal: «así como uno se deleita en mejorar su granja y otro su caballo, yo me deleito en atender a mi propia mejora día a día». Aquí está la clave. El intento no es un castigo, sino el mayor placer del alma que ha decidido crecer. Cada pequeña acción, cada conversación honesta, cada pensamiento dirigido con claridad, es una semilla que plantamos en nosotros mismos.

Musonio Rufo también nos recuerda que «el buen rey es, desde el principio, un filósofo, y que el verdadero filósofo vive con la nobleza de un rey». Intentar, entonces, no es solo una actitud; es la marca de quien gobierna su propia vida con dignidad y sabiduría. No delegamos esa responsabilidad. La asumimos.

Por eso Marco Aurelio nos deja reglas precisas: «en tus acciones, no pospongas. En tus conversaciones, no confundas. En tus pensamientos, no divagues. En tu alma, no seas pasivo ni agresivo. Y en tu vida, no te ocupes solo de negocios».

Lo simple rara vez es fácil. Pero el intento (ese intento valiente, repetido, a veces doloroso) es lo único que nos mantiene vivos en el sentido más profundo. Quemarse no significa morir, como cuando juntamos fuego para una fogata con el miedo de que nos podemos quemar. Significa que estamos en el juego. Y mientras estemos en él, vale la pena intentarlo con todo lo que somos.

¿En qué área de tu vida estás postergando el intento hoy? ¿Qué sucedería si, a pesar del miedo o la fatiga, decidieras intentarlo una vez más con plena presencia?

Fuerte abrazo y siempre lo mejor, 

Rodrigo Baccaro

Author: rodadmin

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