Una pausa – ElPropósito2 min read
La mejor estrategia nace al hacer un alto

Reconocer cuando es tiempo de detenernos es tan importante como cada acción que se da para avanzar. Vivimos momentos donde no damos oportunidad a la reflexión, a razonar para encontrar mejores formas de hacer las cosas; quizás los últimos dos años una de las mayores lecciones que nos deja es que somos infalibles y tarde o temprano el continuo de la vida llega a su final. Las pausas que hacemos en el camino deben llevarnos a construir los mejores planes y a tomar las mejores decisiones.
Las conversaciones difíciles debemos abordarlas en el mejor plano de confianza para poderles sacar el mayor provecho. Tanto en el fuero personal como en el de una organización y sus líderes, es importante contar con espacios donde abiertamente se ventilen los mayores desafíos, donde se hagan las preguntas más complejas y donde se puedan tocar los temas más duros.
Los planes, la estrategia, la mejor visión nacen en la pausa, una pausa reflexiva, ordenada y sincera. Para que esos altos en el camino sucedan constantemente, debe haber voluntad de cambio y tener muy claro que las estrategias del pasado no son la garantía del éxito futuro. La velocidad del cambio actual, deja un margen de maniobra muy especial, uno que debemos aprovechar y sobre todo, saber cómo aprovecharlo.
Los mayores desafíos y retos se abordan desde la perspectiva de la creatividad. Metidos en el problema o en el día día podemos cegarnos de ver las cosas con una mirada más amplia; una visión por ejemplo, siempre será la fuente de inspiración para reflexionar ese destino y cualquier problema por grande que sea puede ser abordado desde una mirada que nos invite a ver el reto desde múltiples ángulos.
La esencia de una pausa radica en el resultado que obtengamos después de ella. Debemos atrevernos cada vez más a abordar voluntariamente las conversaciones difíciles, a pedir ayuda para ver las cosas desde múltiples ángulos y a saber que los mayores retos y los mayores desafíos siempre van a ser ser resueltos en la medida que podamos confiar en los demás.
Un fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
