Renovación – ElPropósito3 min read
Afilar la sierra no es tomarse un descanso: es recuperar la capacidad de cortar

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Hace muchos años, siendo niño, recuerdo perfectamente bien a mi papá leyendo Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Tengo tan vivos esos momentos porque veía cómo le hacían sentido tantas cosas que en ese libro se narran. Hoy quiero enfocarme en el séptimo hábito, el de afilar la sierra. ¿Por qué es que un líder tiene que tener muy claro que debe afilar la sierra? ¿Qué significa afilar la sierra? ¿Un weekend en familia? ¿Una vacación? ¿Un libro? Exploremos juntos.
Puede ser las tres cosas. Y puede no ser ninguna. Afilar la sierra no es huir del trabajo. Es recuperar la capacidad con la que se trabaja. El leñador de Covey sigue cortando porque dice que no tiene tiempo. Mueve los brazos. Ya no tiene filo. Por eso el hábito se aplaude fácil y se practica poco: obliga a detenerse justo cuando más urge producir. Un fin de semana ayuda si uno vuelve con más juicio. Una vacación ayuda si de verdad se suelta. Un libro o una capacitación ayudan si cambian una decisión, un estándar o una forma de hacer el trabajo. Si no, son pausas con otro nombre.
Un líder tiene que tenerlo claro porque su estado no le pertenece solo a él. Se nota en la reunión, en la paciencia, en la forma de escuchar, en la calidad de un no. Cuando uno dirige sin renovarse, el equipo aprende una lección que nadie puso en el manual: parar es flaquear y el desgaste es prueba de compromiso. Esa lección sale cara. No porque la gente deje de trabajar, sino porque empieza a trabajar peor y a creer que eso es lo correcto.
Los resultados se resienten de una manera poco heroica. No siempre caen de golpe. Pierden precisión. Hay más retrabajo, más decisiones tomadas con prisa, más tolerancia a lo mediocre porque ya no queda energía para exigir con lucidez. Capacitarse también es afilar: estudiar, entrenarse, volver a un oficio con más dominio. No para coleccionar diplomas, sino para cortar mejor. El hábito impacta el resultado porque protege el juicio. Y el juicio es lo primero que se desafila, mucho antes que la agenda.
En un equipo pasa lo mismo, solo que se disimula mejor. Se llena el calendario. Se vacía la reserva. Nadie lee. Nadie se forma. Nadie conversa sin reloj. Nadie vuelve con una idea más clara, solo con más cansancio administrado. Un equipo que no se renueva no se vuelve más comprometido.
Covey lo reparte en cuatro terrenos: el cuerpo, la mente, el sentido y las relaciones. No hace falta un programa para cada uno. Hace falta no abandonar ninguno hasta que cruja. Dormir y moverse. Estudiar y pensar. Volver al para qué. Estar de verdad con la gente que importa. Se puede tomar vacaciones y seguir ausente. Se puede capacitarse y no aplicar nada. La renovación se prueba en lo que uno recupera, no en lo que anuncia.
Por eso un líder no afila la sierra cuando “ya terminó”. La afila para poder seguir siendo útil a lo que dice que le importa. El séptimo hábito sigue haciendo sentido por la misma razón: el propósito pide filo. Pedirlo sin cuidarlo es una contradicción que, tarde o temprano, se paga.
¿Qué estás llamando descanso o formación que en realidad no te está devolviendo capacidad?
Fuerte abrazo y siempre lo mejor,
Rodrigo Baccaro
